Antes de cocinar, definimos el menú de la próxima mesa y armamos la lista de compras para el barrio chino de Belgrano. Cada encuentro se organiza con antelación para que nadie llegue a improvisar sobre la hornalla.
Escribinos por mail o desde la página de contacto con tu receta de la abuela, una foto del plato o simplemente las ganas de sumarte. Nos sirve saber si venís con experiencia en wontons o si es tu primera vez plegando masa.
Te avisamos el día, el barrio y qué se va a cocinar. Cerramos el menú con tres o cuatro preparaciones: algo agridulce, una sopa, un salteado y algo para picar mientras se espera.
Repartimos los ingredientes entre los que vienen. Salsa de ostras, jengibre fresco, aceite de sésamo y fideos de trigo se compran en conjunto para que rinda y no sobre nada en la heladera.
Nos juntamos a cocinar en una cocina de barrio, con mesadas chicas y varias manos. Se pliega, se saltea y se prueba. Después se come todo junto, sin protocolo, y se cuentan las historias que aparecen.
Lo que salió bien queda anotado y, si querés, lo publicamos en el blog con tu nombre y las variantes que probaste. La fecha de la próxima mesa se avisa por mail a quienes ya participaron.
Los talleres son presenciales en Buenos Aires y las cocinas son de departamento, así que trabajamos con lo que hay: dos hornallas, una mesada y ganas de probar. Si querés ver el detalle de lo que cocinamos, podés mirar las propuestas de cocina o volver al inicio.
El proyecto arrancó como un cuaderno de recetas sueltas y hoy tiene un ritmo de trabajo bastante previsible. Si te sumás a una cena o mandás una receta, esto es lo que pasa después, en orden.
Empezamos a juntar recetas de familias porteñas que cocinaban mezclando la olla judía con el wok chino. Eran cuatro hojas sueltas, sin orden. Ahí quedó claro que la fusión no era una moda: era lo que ya se cocinaba en casa.
Nos juntamos ocho personas en una cocina de dos metros para probar los wontons de pollo y el pastrón salteado con fideos. La regla fue simple: si un plato no salía en una cocina de departamento, no entraba en el recetario.
Recorrimos los locales del barrio chino para armar una lista corta y realista: salsa de ostras, aceite de sésamo, jengibre fresco y fideos que aguantan el salteado. De ahí salió la guía que hoy usamos antes de cada encuentro.
Los encuentros presenciales se ordenaron: doce personas por mesa, cocina en grupo, plato único y sobremesa larga. La limitación es práctica, no de estilo: más manos en una cocina chica terminan estorbando la receta.
Abrimos la convocatoria para mandar recetas heredadas, con la letra original escaneada cuando se puede. Cada receta se prueba antes de publicarse, y varias quedaron afuera porque el relleno no cerraba en tandas chicas.
Las fechas son las de cada hito, no las de publicación. Algunas recetas tardaron meses entre la prueba en cocina y la versión final que subimos al sitio.